El Día que el Parma Tocó el Cielo antes de Rozar el Infierno: La Noche Mágica de Moscú ’99

Radiografía del momento: Era la primavera de 1999. El mundo se preparaba para el nuevo milenio con una mezcla de excitación y temor al “efecto 2000”. En la cultura popular, “Matrix” acababa de estrenarse y “Livin’ la Vida Loca” sonaba en todas las radios. Pero para los amantes del fútbol, especialmente en Italia y Francia, la atención estaba puesta en un frío 12 de mayo en Moscú, donde dos equipos, uno ya consagrado y otro en plena efervescencia, se medirían por la gloria europea. El Parma, un equipo que con el respaldo de Parmalat había ascendido meteóricamente, buscaba consolidar su leyenda.

El mundo mientras rodaba el balón

El 12 de mayo de 1999, el Estadio Luzhniki de Moscú fue el escenario de la final de la Copa de la UEFA. El Parma, dirigido por Alberto Malesani, llegaba con una plantilla plagada de estrellas: Lilian Thuram, Fabio Cannavaro, Juan Sebastián Verón, Hernán Crespo y Enrico Chiesa. Frente a ellos, el Olympique de Marsella, un club con historia en Europa, pero que afrontaba la final con bajas sensibles. La previa del partido estuvo marcada por la ausencia de cinco jugadores clave del Marsella, suspendidos tras una batalla campal en el tú túnel de vestuarios en la semifinal contra el Bologna. Fabrizio Ravanelli, Peter Luccin y William Gallas, entre otros, se quedaron fuera por acumulación de tarjetas o por sanciones tras la trifulca.

El instante que congeló el tiempo

El partido fue una exhibición del Parma. Con un fútbol vertiginoso y letal, los italianos no dieron opción al Marsella. A los 26 minutos, un error defensivo del experimentado Laurent Blanc fue capitalizado por Hernán Crespo, quien con una sangre fría asombrosa, superó al portero Stéphane Porato con un elegante sombrero. Diez minutos después, Paolo Vanoli remató de cabeza un centro medido de Diego Fuser para poner el 2-0. El Marsella intentó reaccionar, pero la defensa parmesana, con Thuram a la cabeza, era un muro. La sentencia llegó en el minuto 55, cuando Enrico Chiesa, tras una gran jugada y un señuelo de Crespo, conectó una volea imparable para el definitivo 3-0. Fue una noche de ensueño, donde cada pieza del engranaje parmesano funcionó a la perfección, culminando con la levantada del trofeo por parte del capitán Roberto Sensini.

“Aquel día, el Parma no solo ganó un título; forjó una leyenda. Éramos un equipo de estrellas, pero jugábamos como una familia.”

Cuando se apagaron los focos

La victoria en la Copa de la UEFA de 1999 representó la cúspide de una era dorada para el Parma. Durante la década de los 90, el club ganó tres Copas de Italia, una Supercopa de Italia, dos Copas de la UEFA, una Recopa de Europa y una Supercopa de Europa. Sin embargo, la posterior caída del gigante alimentario Parmalat en 2003, principal patrocinador y propietario del club, sumió al equipo en una profunda crisis financiera que lo llevó a la bancarrota en 2015 y a descender hasta la Serie D. Muchos de aquellos héroes de Moscú siguieron carreras exitosas en clubes aún más grandes o se convirtieron en figuras reconocidas del fútbol mundial. El Parma, por su parte, ha resurgido de sus cenizas, demostrando la resiliencia de su afición y su historia, volviendo a la Serie A en la temporada 2023-24.

Pregunta final: ¿Crees que este Parma de finales de los 90 es uno de los “gigantes caídos” más emblemáticos de la historia reciente del fútbol?

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