Debacle del Real Madrid en el Metropolitano: cuando tocas lo que funciona, lo pagas

La debacle del Real Madrid en el Metropolitano no sorprendió tanto por el resultado final como por la forma en la que se produjo. El Atlético jugó el partido como lo que significa para ellos: una final. El Madrid, en cambio, entró al campo como si fuera un trámite. Y cuando eso pasa, no hay excusas que valgan. El partido dejó heridas, dudas y una sensación compartida por muchos aficionados: se perdió desde el banquillo y se remató con una actitud insuficiente.

Una de las opiniones más repetidas entre la afición es que Xabi Alonso se equivocó con la alineación. Tú ya lo destacabas, y muchos piensan lo mismo: dejar fuera a Mastantuono, que venía en gran forma, para meter a Bellingham recién salido de una lesión fue un error evidente. El argentino aportaba dinamismo, verticalidad y ritmo, mientras que Bellingham se notó falto de chispa y sin conexión con el equipo. En un partido así, no puedes improvisar con quien no está al 100%.


El planteamiento y la actitud en el foco

Muchos aficionados sienten que el partido se perdió desde el banquillo. Se critica la falta de lectura del encuentro, el riesgo innecesario y la sensación de estar experimentando en un derbi. Un cambio injustificado en un once que funcionaba rompió el equilibrio del equipo desde el principio. No era el día para probar, y esa decisión pesó desde el minuto uno.

Pero más allá de lo táctico, lo que más ha escocido es la actitud. En el Real Madrid el esfuerzo no se negocia, y eso no se vio. Varias figuras que venían rindiendo bien se vieron superadas física y mentalmente. El Atlético jugó este partido como lo que es para ellos: una final, casi un título. Intensidad, concentración, hambre y choque en cada balón. El contraste con el Madrid fue evidente. La desconexión, la pasividad y la falta de tensión competitiva indignaron al aficionado.

A eso se suma la sensación de exceso de confianza. Muchos coinciden en que el equipo entró al campo como si el partido se ganara solo. El arranque fue frío, lento y sin intención. Mientras el Atlético mordía cada jugada, el Madrid parecía en un amistoso de pretemporada. Cada pérdida tonta, cada balón dividido y cada mala ayuda defensiva generaba peligro. La defensa se vio frágil, desordenada y sin coordinación. El centro del campo, por su parte, estuvo irreconocible: sin control, sin liderazgo y sin iniciativa. Cada ataque del Atlético parecía un aviso de gol.


La afición señala, opina y exige reacción

El debate Mastantuono-Bellingham ha encendido todavía más la conversación. Buena parte del madridismo piensa que el argentino merecía seguir en el once titular y que el inglés no estaba en condiciones físicas ni competitivas para asumir ese rol. Muchos sienten que se rompió una dinámica positiva por una decisión que no tenía necesidad ni respaldo futbolístico.

También preocupa lo que viene. Hay miedo a que esta derrota marque un antes y un después si no hay reacción inmediata. Las próximas jornadas no perdonan, y lo que está en juego no se puede tirar por errores evitables. La afición quiere autocrítica real, no excusas. Pide asumir errores, corregirlos y no repetir decisiones que comprometan al equipo.

La sensación general es que esta debacle del Real Madrid en el Metropolitano debe ser un punto de inflexión. No solo por el resultado, sino por todo lo que reveló: falta de intensidad, decisiones mal tomadas y desconexión competitiva. Xabi Alonso tiene que reaccionar y recuperar lo que sí estaba funcionando. El talento no basta. El escudo exige compromiso, lectura de partido y respeto por rivales que no perdonan. Porque cuando uno lo juega como una final y el otro como un trámite, pasa lo que pasó.

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