Radiografía del momento Los años 80 estaban llegando a su fin. El fútbol europeo vibraba al ritmo de melodías pop y peinados imposibles. Las televisiones en color se asentaban en los hogares, y el viejo continente suspiraba por las gestas épicas en sus estadios. En Viena, bajo el inmenso cielo del Praterstadion, dos gigantes, uno consolidado y otro en ascenso, se preparaban para la batalla final de la Copa de Europa de 1987.
El mundo mientras rodaba el balón
Era el 27 de mayo de 1987. El Bayern de Múnich, un club acostumbrado a las grandes citas europeas, llegaba como favorito, a pesar de las importantes bajas de su capitán Klaus Augenthaler (suspendido) y los delanteros Roland Wohlfarth y Hans Dorfner (lesionados). Enfrente, el FC Porto, un equipo portugués con la ambición de escribir su propia historia, aunque también mermado por la ausencia de su goleador Fernando Gomes. El ambiente era eléctrico, con la afición bávara confiada y los Dragones portugueses soñando con el milagro. Se palpaba la tensión, la expectación de un duelo que prometía emociones fuertes y un desenlace inesperado en la capital austriaca.
El instante que congeló el tiempo
El partido transcurría con la intensidad propia de una final. El Bayern, haciendo valer su favoritismo, se adelantó en el marcador gracias a un cabezazo de Ludwig Kögl. El reloj avanzaba implacable, y el sueño del Porto parecía desvanecerse. Pero entonces, a falta de solo 13 minutos para el final, el Praterstadion fue testigo de una genialidad que quedaría grabada para siempre en la memoria del fútbol. Un balón centrado desde la derecha encontró a Rabah Madjer. El delantero argelino, en lugar de intentar un control o un disparo convencional, se sacó de la chistera un tacón inverosímil, un golpe de genio que descolocó al portero Jean-Marie Pfaff y se coló en la red. El empate enardeció a los portugueses, que apenas dos minutos después, con el impulso de la igualada, vieron a Juary rematar de volea un balón prolongado por Madjer, sentenciando el 2-1 final y desatando la euforia en el bando luso.
“Fue una locura. No me lo pensé, simplemente salió. Es el gol de mi vida, el que cambió todo para el Porto.” – Rabah Madjer, sobre su gol de tacón.
Cuando se apagaron los focos
Aquella noche, el FC Porto levantó su primera Copa de Europa, un hito que cimentó su estatus como grande de Portugal. Para Rabah Madjer, ese gol de tacón lo convirtió en una leyenda, un héroe improbable que llevó a su equipo a la gloria. Continuó su carrera en el Porto y otros clubes, siempre recordado por aquella magia vienesa. El Bayern de Múnich, y su capitán Lothar Matthäus, sufrieron la amargura de perder una final con goles tardíos, una experiencia que, curiosamente, se repetiría 12 años después en la final de la Liga de Campeones de 1999 contra el Manchester United. Pero el recuerdo más vívido de aquella final de 1987 siempre será el del atrevimiento y la inspiración de un futbolista argelino que, con un simple toque de tacón, reescribió la historia.
Pregunta final: ¿Qué otra final recuerdas donde un gol inesperado o una jugada individual de genio cambió por completo el destino del partido?



